Teotihuacán, la Ciudad de los Dioses

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Las pirámides teotihuacanas continúan maravillando

El origen de los habitantes de la ciudad prehispánica de Teotihuacán, así como su aún inexplicable desaparición han provocado tantas hipótesis como estudiosos se han interesado en descubrirlas.

Los aztecas la llamaron Ciudad de los Dioses, premonitorio calificativo que anticipaba la magia y atractivo que mantendría muchos siglos después de su extinción. Como enel actual tercer milenio, en cuyos albores continúa siendo objeto de atención y estudio, quizás cada día más a partir de las nuevas tecnologías que permiten resultados antes no previstos.

Los teotihuacanos dejaron sólo algunos monumentos visibles en los que retrataron a sus gobernantes, en tanto las pocas inscripciones con que se cuenta todavía no se han descifrado. Cabe destacar que no existe retrato alguno de sus gobernantes y tampoco hay inscripciones que los refieran, por lo que se sabe muy poco de quiénes eran. Entre los grandes personajes representados en los murales ninguno es más importante que los demás, por lo que se plantea que posiblemente Teotihuacán era gobernado por varios personajes y no por una sola persona.

La historia arquitectónica de la Pirámide de la Luna indica una larga secuencia constructiva de siete etapas, que inicia alrededor de 100 dC y alcanza el fin de Teotihuacan entre 600 y 650 dC. Se le considera muy relacionada con la ideología del Estado por su importancia, ubicación y constituir uno de los edificios más grandes y menos investigados después de la Pirámide del Sol.

Cinco cuerpos escalonados con altos muros en talud componen su gran basamento –actualmente a la vista–, así como una plataforma adosada y formada por muros en talud y tablero orientada hacia la Plaza de la Luna. En el interior se superponen las seis construcciones más antiguas.

Como todo monumento arquitectónico de civilizaciones anteriores, los hombres que lo construyeron, vivieron y murieron en sus ámbitos, aún se dirigen a nosotros para contarnos quiénes eran mediante la aparentemente silenciada voz de ciudades desiertas, edificios funerarios y restos humanos. Recuperar ese mensaje, escuchar los silenciosos legados de los cuales hoy somos depositarios, es tarea de antropólogos, arqueólogos y especialistas afines, privilegiados profesionales capaces de penetrar el pasado para ubicarnos cada día más en el presente.

 

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