Dedican monumental altar de muertos a Emiliano Zapata en Tijuana

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Tijuana.- En el centenario de su fallecimiento este año, el Centro Cultural Tijuana (Cecut) dedicó su altar de muertos a la memoria del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, por ser una figura emblemática de la liucha por el agrarismo y la justicia en México.

El organismo dependiente de la Secretaría de Cultura, explicó que se trata de una instalación monumental, colocada en el Vestíbulo del Museo de las Californias, cuya inauguración contará con la presencia del bisnieto de Zapata, el historiador Edgar Castro Zapata, este viernes 1 de noviembre, a las 18:00 horas, como parte del magno Festival de Día de Muertos que se llevará a cabo hasta el domingo 3 de noviembre en la Explanada y otros espacios del Cecut.

A lo largo de los últimos meses de este que es el Año de Zapata se han desarrollado diversas acciones en reconocimiento a su labor como líder social. El altar de muertos del Cecut se une a la conmemoración, recordando su vida y obra, su inquebrantable espíritu de lucha y convicción de justicia, resumido en su famosa frase: «Es mejor morir de pie que vivir toda una vida arrodillado».

Emiliano Zapata Salazar (1879-1919) es uno de los símbolos más importantes de la resistencia campesina en México, estuvo al mando del Ejército Libertador del Sur y sus principales ideales giraron alrededor de la justicia social, libertad, igualdad, democracia social, y respeto a las comunidades indígenas, campesinas y obreras.

Nacido en San Miguel Anenecuilco, Morelos, el 8 de agosto de 1879, su madre, Cleofas Salazar, muere cuando él tenía 16 años, 11 meses después su padre, Gabriel Zapata, también fallece.

A los nueve años, Emiliano Zapata queda impactado al presenciar un despojo de campesinos por parte de ricos hacendados de la zona, cuestionado Gabriel por su hijo, le dice que no se puede hacer nada, a lo que Emiliano responde: “¿No se puede? Pues cuando sea grande, haré que se las devuelvan”.

A la edad de 30 años, se convirtió en dirigente agrario de Morelos, donde empezó a analizar documentos que acreditaban los derechos de propiedad de los pueblos sobre sus tierras, los cuales habían sido negados por las Leyes de Reforma y participa en reuniones celebradas en Villa de Ayala, que después se convertirían en el Plan de Ayala, que suponía una reforma agraria radical, con el lema “La tierra es de quien la trabaja”.

Al proclamarse el Plan de San Luis, que marcaba el inicio de la Revolución, a Zapata le llama la atención el Artículo Tercero, que ofrecía la restitución de las tierras a sus legítimos propietarios; es así que entra en pláticas para la toma de armas junto con Pablo Torres Burgos, Rafael Merino y cerca de 60 campesinos.

El 10 de abril de 1919 Zapata fue engañado por el coronel Jesús Guajardo, haciéndolo creer que estaba descontento con Venustiano Carranza y que quería unirse a él, ofrecerle armamento y municiones para continuar su lucha. Así, en la Hacienda de Chinameca, Morelos, al cruzar el dintel, tiradores escondidos en las azoteas abrieron fuego contra Zapata y su escolta.

Una vez muerto, Emiliano Zapata se convirtió en el apóstol de la Revolución y símbolo de los campesinos desposeídos. Por todo ello, el Cecut le ha dedicado este año el altar de Día de Muertos.

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